Aunque la presencia de la Iglesia Católica en las regiones rurales de nuestro país se remonta a 1948, fue exactamente una década después cuando comenzó a cobrar un verdadero dinamismo al conformarse el Movimiento Rural de la Acción Católica (MRAC), con el objeto de ampliar el trabajo regional a todas las diócesis del país con población rural. El trabajo propuesto era ayudar a los habitantes del lugar a desarrollar mejores estrategias de supervivencia y de economía familiar. El Movimiento Rural de Acción Católica se dividía en tres importantes sectores: El Sector Maestros (que agrupaba a los grupos de maestros rurales), al Sector Campesinos (centrado en el trabajo con las colonias y grupos rurales) y el Sector Empresarios (un sector mas pequeño relacionado con sectores empresariales rurales que solían financiar el movimiento). Los maestros y los campesinos fueron los principales protagonistas del movimiento. Si bien al comienzo existió cierto grado de participación empresaria, a partir de 1964-65, el MRAC se fue perfilando hacia una identidad fuertemente campesina. La asociación PUCAM (Por un Campo Argentino Mejor), funcionaba como un organismo separado del movimiento que se encargaba de financiar las actividades de este. Sin embargo, la relación entre ambas instituciones estuvo cruzada por diferentes conflictos y acercamientos. Hacia 1966, el MRAC tenía unos 300 grupos distribuidos en distintas provincias del país y editaba un periódico de aparición mensual llamado “Siguiendo la huella”. Para ese momento se producían también materiales para la reflexión de las comunidades y se dictaban cursos de capacitación en el Instituto San Pablo, en la localidad de Capitán Sarmiento, en la provincia de Buenos Aires a cargo de un equipo docente y de consultores como el jesuita Alberto Sily muy cercano a este movimiento. A partir del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín de 1968, la Iglesia Católica de conjunto aplica una nueva política de pastoral, de acercamiento a los problemas sociales de las comunidades en las que intervenía. Fue a partir de esa nueva política que se desarrolla el Movimiento de Sacerdotes Tercermundistas, y que, respecto al Movimiento Rural, se produce un acercamiento mucho mas profundo a las problemáticas de las comunidades rurales en las que intervenía, proponiendo instancias de organización para la solución de las mismas. Esta nueva orientación produjo la politización y la radicalización de muchos de los integrantes del MRAC y llevó a que a fines de la década del 60 la Iglesia Católica desarticule el MRAC. Sin embargo, dicha experiencia de organización fue la base para la posterior formación de las Ligas Agrarias, ya que muchos de los dirigentes y militantes del movimiento migraron hacia las mismas e incluso, tomando los ejemplos mas radicalizados, hacia organizaciones armadas.
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